Aunque su tamaño es pequeño (no mide más de 18 centímetros), si te da un puñetazo lo hará a modo de garrote, con la aceleración de una bala del calibre 22.
Y clavándote después una púa rudimentaria que porta en sus patas.
Aunque también hay una versión de esta especie, la perforadora, capaz de agujerear la piel del enemigo hasta reducirlo.
A pesar de su nombre, no es ni una mantis, ni un pavo, ni un camarón, sino un crustáceo depredador y solitario. Se encuentra en aguas tropicales y subtropicales, y más de la mitad de sus ejemplares habitan en el Pacífico.
Pertenece a la familia de los estomatópodos, y lo que más llama la atención de su aspecto es su colorido: oliva aterciopelado, rojo y brillante turquesa para su tronco, un par de piernas rojas y unos extraños ojos rosa.
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